miércoles, 19 de mayo de 2010

Aldo Capece

Aldo Capece

EL CAMINO REAL O LAS CAUSAS DE DON FRANCISCO
Parte 1

El Dr. Aldo Capece, extiende su relato y su mirada a lo largo de América y nos conduce por el antiguo Camino Real en un viaje de ida y vuelta lleno de sinsabores, corrupción y miserias. Esta es la primera de tres entregas de este capítulo de su libro “Merlo mío” (Segunda edición ampliada).

Guillermo Furlong cuenta que en 1914, el historiador don Enrique Peña, su maestro por entonces, le aconsejaba lo siguiente: “No lea libro alguno de historia y trácese una línea de estudio en algún tema. Visite el Archivo General de la Nación y quedará asombrado”. Después agrega Furlong: “Felizmente no había caído en mis manos algún manual de Historia (¡!) (Guillermo Argentina” Furlong. “El trasplante social.” Pág.1)
Creo que este consejo será de utilidad para quién sienta la necesidad de conocer la historia de algo o de alguien en nuestro país.
Al plantearnos el interrogante de los motivos de don Francisco para construir un templo y un convento en este lugar, se encuentran algunas respuestas que llegan de manos de él mismo.
En la carta de gestión que él había enviado al Cabildo Civil en 1738 reproducida por Torre Revello, puede leerse “…ofrezco la construcción de dicho pueblo a mis propias expensas. Porque dicha población será de mucho alivio y conveniencia para los pasajeros que tan continuamente transitan por dicho paraje para lo que se pueda ofrecer en tan dilatadas jornadas sin haber población, pues la que más cercana está en la ciudad de Santa Fe que está cien leguas”.
A la imagen de Nuestra Señora de la Concepción (la Virgen sin el niño) propiedad de Don Francisco, él le agrega “del Camino”.
Cuando en 1776 la parroquia y su párroco Dr. Juan Antonio de Merlo se trasladaron a la cañada de Morón, la Patrona será entonces Nuestra Señora del Buen Viaje. Las advocaciones son tan similares que no dejan dudas acerca de las causas de Francisco de Merlo en lo que atañe a la elección del lugar para levantar su templo y a la orientación del ruego del viajero que necesitaría a quien pedir aliento y encomendar el alma.
El camino y el viaje. Un camino terrible para un viaje terrible. Odiado por los habitantes originales que lo habían ido construyendo con sus rastrilladas, ahora transitadas por un invasor implacable.
Camino ansiado por los buscadores de fortuna a cualquier precio; camino soñado por los místicos que pretendían convertir almas y conciencias para su Dios Eterno y Nuevo.
Camino atroz para los seres esclavizados que junto a las mulas eran la única fuerza motriz en la industria imperial de la enajenación.
Ese camino se llamaba Camino Real de Buenos Aires a Lima y pasaba a escasos doscientos metros de la iglesia de Merlo.
Cuando en 1556 comenzó la explotación del cerro Potosí en el Alto Perú, -la ingente producción de plata estaño, mercurio, esclavitud y muerte-, no existía otro camino posible más que aquella senda que bajaba por Salta, Tucumán, Córdoba y pasando por nuestra iglesia, terminaba en el puerto de Buenos Aires.

En la segunda parte: Los puertos acosados por la piratería
El comercio de esclavos, masacre y corrupción

lunes, 17 de mayo de 2010

Asamblea de la Asociación Bibliotecarios Escolares de Merlo



El miércoles 16 de junio en el horario de 8:00 a 12:00 hs se realizara la Reunión Anual de ABEM en la EPB N°28 de Merlo.
Además se contara con la presencia del escritor ALDO CAPECE, quien disertara sobre las "Vivencias del bicentenario en Merlo".
Los esperamos, no falten.

domingo, 4 de abril de 2010

Salida a la Feria del Libro

ASOCIACIÓN DE BIBLIOTECARIOS ESCOLARES DE MERLO

ORGANIZA

SU SALIDA ANUAL A LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

DESTINADA A:

BIBLIOTECARIOS,

DIRECTIVOS, DOCENTES.

JUBILADOS DOCENTES.

Y FUTUROS BIBLIOTECARIOS.

FECHA: 30 de abril de 2010

INSCRIPCIÓN PERSONAL:

CIE de MERLO

A partir del 12 al 20 de abril.

De 17.30 a 18.30 hs.

VACANTES LIMITADAS

miércoles, 31 de marzo de 2010



¡Tú puedes DAR!



Todo hombre que te busca, va a pedirte algo:
el rico aburrido, la amenidad de tu conversación;
el pobre, tu dinero;
el triste, un consuelo;
el débil, un estímulo;
el que lucha, una ayuda moral.
Todo hombre que te busca, de seguro va a pedirte algo.
¡Y tú osas pensar: "qué fastidio"!
¡Infeliz! ¡La ley escondida se ha dignado otorgarte el privilegio de los privilegios, la prerrogativa de las prerrogativas: ¡dar! ¡Tú puedes dar!.
¡En cuantas horas tiene el día, tú das, aunque sea una sonrisa, aunque sea un apretón de manos,aunque sea una palabra de aliento!.
Debieras caer de rodillas ante el Padre y decirle:"¡Gracias porque puedo dar!".

"¡En verdad os digo que vale más dar que recibir!".



Amado Nervo, en Plenitud (Biblioteca Nueva, Madrid)

Felices Pascuas a todos!

ABEM

domingo, 28 de marzo de 2010

Anthony Browne visita la Argentina

Mañana a las 17,30 hs, el escritor inglés dará una charla en el Ministerio de Educación(Pizurno 935), el martes a las 18 hs firmará libros en El Ateneo y el miércoles a las 19 hs. estará en el Malba con entrada libe y gratuita.

Para más información visitar la siguiente página:

http://www.malba.org.ar/web/t1registro.php?id=970&subseccion=cursos



domingo, 21 de marzo de 2010

NOVEDADES

Estimados colegas: queremos contarles que estamos organizando las actividades de ABEM para el 2010, año de Bicentenario.

En breve, estaremos subiendo la información de los primeros eventos. Estén atentos...
Saludos a todos.

La Comisión Directiva de ABEM

sábado, 19 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad...


Queremos compartir con ustedes este mensaje de navidad,enviándoles los mejores deseos para estas fiestas y que el año que se inicia sea para todos de paz, amor y prosperidad. Felicidades!!

Comisión Directiva de ABEM

La Vendedora de Fósforos
Hans Christian Andersen


¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico pesebre: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser acurrucado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.